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  • Erika Reyes

Naciste empoderada

Y capaz de hacer lo que tú quieras. Si es que lo permites.


Cada vez me sorprendo cuando un niño, al cual sus padres le ven capaz, es libre para jugar, experimentar, caerse y aprender. El empoderamiento rebosa en cada paso y su capacidad sólo es limitada por las leyes naturales. Y cuando estas leyes funcionan y el niño cae, inmediatamente busca refugio con sus padres para contar con lágrimas y llanto su aventura y la lección que aprendió.


Para después salir de nuevo hacia una nueva aventura.


¿A quién escuchaste decir que no eras capaz?


¿A quién le diste ese poder para decirte qué podías o no hacer?


Porque no hay cosa que una persona pueda hacer que otra no lo pueda repetir. Tal vez difiera en el ritmo o la velocidad que se hacen las cosas. Pero, ¿quién dijo que ir más rápido o a ritmo acelerado es mejor? He visto a pilotos veloces estrellados muchas veces. Y a personas no tan veloces llegar más alto a paso lento.


Naciste empoderada, naciste con la capacidad de valerte por tí misma y sólo debes centrarte en esa cuestión.


Es momento de parar, respirar y ver donde estás. Y de girar el cuello hacia delante.


El perdón es clave para poder avanzar. El perdón aceita tu empoderamiento. Y permite que avances hasta reconocer nuevamente lo que siempre estuvo ahí.


No está nada perdido. Y aunque sientas que no tienes la capacidad, ella está paciente hasta que la vuelvas a utilizar. Y dispuesta a empezar una nueva aventura más.


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